OPINIÓN: Una relación Gana – Gana
Por: Luis Javier Quintero Daza
Derrochada la favorabilidad que Uribe le acreditó, el presidente Santos empieza a debitar la propia. Cuando el sector que el ex presidente Uribe representa decidió retirarle su apoyo, la favorabilidad del primer mandatario se vino al piso, y ello no sólo aumentó su angustia, sino también sus miedos.
Al negarse a presentar las reformas que el país tanto necesita, el presidente Santos envió un mensaje contundente; su imagen parece ser su prioridad. En razón a esto hoy es esclavo de sus miedos. Y ello quedó demostrado cuando postergó la radicación de las reformas que había prometido, muchas de las cuales se encuentran en avanzado proceso de socialización, como es el caso de los proyectos de reforma tributaria y a la educación.
Los miedos del presidente llevan en sus venas dos factores Rh inseparables; la perdida de favorabilidad del Gobierno y del Congreso. No es poco lo que esta en juego, sí mucho lo que se esta perdiendo.
El panorama político ve desperdiciar una oportunidad dorada, ya que el Gobierno no ha entendido que la unidad nacional es el escenario ideal para debatir temas trascendentales, no elementales.
Postergar la presentación de la reforma pensional es ignorar, entre otras cosas, la urgencia de una reforma que debe mejorar no sólo la calidad de vida de millones de personas, sino la vida misma del régimen de prima media. Y sí de salvar vidas se trata, la reforma a la salud no soporta la caída de una luna más. Enhorabuena el alcalde Petro y un gremio de la medicina han planteado cambios ante el colapso del modelo existente, cosa que al Gobierno no parece animarlo mucho (rezo para que esta percepción sea incorrecta).
Albergando un impuesto a la renta que se posiciona como el cuarto más alto de Latinoamérica, una evasión que catapulta nuestra competitividad, y un modelo de recaudo que a todas luces es obsoleto y manipulable, la reforma tributaria simplemente abandona toda posibilidad de un reposo ministerial.
Después de tantas protestas y promesas de socialización, la reforma a la educación es una bandera a media asta, ello hasta que la ministra entienda que la viga (recursos) que la sostiene es tan necesaria como las cuerdas (calidad) que la elevan.
Si la fallida reforma a la justicia es la culpable de tantos miedos, la solución a ello es enfrentarlos.
Engavetadas están las reformas que el país requiere, ignorando que de su concertación y aprobación dependemos todos. De radicarse en el Congreso estas reformas, se daría la oportunidad de mostrar al país que la dupla legislativo ejecutivo es más que una unión burocrática y electoral.
Incluir en la agenda legislativa y concertar de cara a los colombianos las bondades de estas reformas es un deber moral, y a la vez es una necesidad de ambos poderes para superar esta crisis, pero esto no se logra evadiendo debates, sino enfrentándolos. Esta relación gana – gana no se puede desperdiciar; el Congreso y el Gobierno necesitan mejorar su imagen, y el país su viabilidad.
Hoy, estamos en manos de un objetivo del presidente; la sostenibilidad del país o su margen de favorabilidad. Pronto veremos cuál de estos es su prioridad.
@LuisJavierQD
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