OPINIÓN: Un tal IMON

Por: Luis Javier Quintero

Difícil que una reforma tributaria le guste a todos, pero, en el caso de la anunciada por el Gobierno de Juan Manuel Santos, a aquellos que se les anticipó que iban a “chillar”, hoy esbozan un suspiro que bien podría convertirse en una cómplice sonrisa.

Mal haría en criticar el borrador de la reforma porque el concepto de redistribución que se aplicó en ésta no sea el que a mi gusto deba plasmarse, y en ello hay que obrar con objetividad, ya que la razón de ser de la reforma no es complacer el criterio ni los intereses de un grupo en especial, y en eso al Presidente le faltó tacto cuando anunció que ésta reforma afectaría más a una clase social que a otra.

Los debates políticos que se avecinan por esta reforma llevan en su vientre dos ámbitos de decisión casi siameses; el objetivo normativo y las fórmulas de política pública para lograrlo.

El objetivo normativo que el Ministro de Hacienda pretende con esta reforma se reduce a tres ítems casi obligados en este tipo de regulaciones tributarias.

El primer ítem normativo es la eficiencia económica; recaudar más impuestos sin hacer al país más pobre (aumentar el número de contribuyentes y  recaudo -obviamente-).

Para el logro de este ítem el Ministro de Hacienda propone la creación de un Impuesto Mínimo Obligatorio Nacional (IMON), impuesto que aplicaría tanto a las personas jurídicas como NATURALES -sí, en mayúsculas-. Y para ello se plantea la siempre atractiva disminución (del 33 al 27%) del impuesto a la renta (cuarto más alto de Latinoamérica), pero se aumentará el grupo de contribuyentes a los que se les hará la retención en la fuente; mientras más cerca esté el impuesto a las personas del impuesto a las empresas, se supone que habrá más eficiencia tributaria y menor evasión. Sobre este ítem recae mi mayor preocupación, dado que el Gobierno plantea un impuesto obligatorio para toda la población.

El segundo ítem normativo es la equidad; en el borrador no queda claro el cómo se logrará esa mejor distribución del recaudo entre los más pobres. Y aunque las -poco creíbles- cifras de pobreza son alentadoras, la socialización por parte del Ministro (Juan Carlos Echeverry) apenas comienza.

El tercer ítem normativo es el bajo costo de administración; se plantea la creación de la figura del inspector tributario, el Consejo Directivo de la DIAN con participación privada y la modernización de la DIAN. De la modernización no hay duda de su urgencia y necesidad -y para ello no se requiere una reforma- , pero, las otras dos figuras envían señales que indican, entre otras cosas, aumento de burocracia y participación de fiscalizadores privados (ojo a ese punto).

Debo mencionar que el gobierno presentó el borrador en forma hábil, a cuentagotas para debilitar la oposición de los afectados y coincidiendo con el anuncio de disminución de la pobreza.

Ésta reforma será aprobada -sin duda-, así algunos honorables manifiesten su “oposición” a algunos planteamientos. El punto es cuán distinta será la reforma aprobada del proyecto original, y eso depende de la habilidad de ciertos poderes económicos para hacer valer sus intereses, poderes a los que probablemente usted y su familia no hacen parte. Y si es así, averigüe por ese tal IMON.

Entonces, Ministro, en aras de socializar la reforma, esto le pregunto. Quién es ese tal IMON del que nadie habla?

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